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La Coctelera

MENTIRAS DE LÚA

( NOCTURNA ). Entre la mentira y la verdad está la vida.

10 Mayo 2007

EL BAÑO

El agua caía sobre mí con toda su fuerza. Pero ni toda su fuerza era suficiente…

En mi mano, la esponja rota ya de tanto frotar mi cuerpo.

Sucia. Me sentía sucia. Enjabonaba y frotaba mi piel con toda la energía de la que había hecho acopio en esos momentos. Pero no era suficiente. Nada era suficiente.

Agua, jabón, esponja o cepillo: nada servía. Seguía sintiéndome sucia y no había manera de que aquella sensación se borrase ni por un minuto de mi mente, de que aquella suciedad saliese de una sola célula de mi cuerpo.

Sucia por fuera. Sucia por dentro. Desnuda en la bañera, bajo el tremendo chorro de la ducha casi ardiendo. Y con las lágrimas brotando sin poder remediarlo, intentando limpiar por dentro lo que sentía sucio dentro de mí. Y con el agua y el jabón envolviéndome, empapándome, intentando limpiar por fuera en el baño lo que sentía sucio fuera de mí.

Quería gritar y no podía. El llanto y el dolor, interno y externo, no significaban nada.

Quería gritar y no podía: gritar que me habían quitado la vida. Sólo dos cosas en mi mente: que me sentía sucia, y que aquella… no era mi vida.

No sé el tiempo que pasé en el baño, metida en la bañera, bajo el torrente de agua de la ducha., llorando y frotando aquella esponja sobre mi piel, entre la nube del vapor caliente que podría haberme irritado los ojos, si no fuera que ya lo estaban de tanto llorar.

No sé el tiempo que pasó. No lo sé.

Terminé agachada en la bañera, sintiéndome aún sucia… sintiéndome sin vida… porque la vida que tenía no era la mía…

Habían pasado treinta años, y nunca hasta entonces había podido llorar por aquello. Habían pasado treinta años, y nunca hasta entonces había podido darme cuenta de lo que significaba aquello.

Habían pasado treinta años y por fin había sido capaz de verlo todo claro y arrancar la rabia contenida durante tanto tiempo.

Tenía siete años. En aquella cama se quedó la niña.

Tenía siete años el día en que me violaron.

Lúa.

Tags: verdades, vida

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2 Mayo 2007

LA VERDAD DE UNA MENTIRA (III)

“Amor, la plaza no es tan grande como para que no podamos vernos…”

Estás allí, en su cuidad, y yo no he podido estar contigo. Por alguna razón es imposible que te comuniques con Juan, y por alguna razón es imposible que Juan se comunique contigo. Sin embargo, yo, desde aquí, a tres mil kilómetros de los dos, puedo perfectamente contactar con los móviles de ambos. No lo entiendo…

“¿Dónde dices que está? Yo estoy entrando con el coche en la plaza y no puedo verlo”

Juan dice que está ahí, y que no puede verte.

“Tara venía con mi madre en el otro coche y se ha ido inmediatamente, ¡no sé qué ha pasado…!”

Juan dice que va en un coche, que Tara y su madre van en el otro. Al parecer Tara sí te ha visto, y, según me dice Juan, se ha sentido engañada. Ha visto a tu lado a una mujer y cree que soy yo. Eso es lo que él me cuenta. Y que está dando vueltas a la plaza, pero que no puede verte.

“Temo que pueda hacer algo. Voy tras ella. Está como loca…”

Una vez más Tara es la excusa…, la causa, la razón… Una vez más Tara es tu comodín, Juan, la que te “salva” de cualquier situación que signifique algún contacto conmigo.

“Amor, convéncete ya. Todo es mentira. La plaza no es tan grande como para que Juan no me haya visto. Y estoy solo en esta esquina en que hemos quedado, nadie más está aquí; no hay ninguna mujer a mi lado. Si de verdad él quisiera contactar conmigo, lo habría hecho.”

Y yo lo sé. Sé que es verdad.

Y yo lo sé, Juan: sé que eso es mentira.

“Amor, ya ha pasado hora y media desde el momento en que Juan quedó de estar aquí. Tengo que irme. Él no vendrá”.

Y yo sé, amor mío, que lo que tú dices es cierto.

Lúa.

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1 Mayo 2007

LA VERDAD DE UNA MENTIRA (II)

Tres mil kilómetros más allá, Juan sigue su vida. La ficción y la realidad llegarán distorsionadas, así que poco importa.

Nada importa.

Las palabras se las lleva el viento, y la realidad está aquí, en dónde sí están los hechos.

Mil y una historias, mil y una promesas que nunca se cumplieron. Tres mil kilómetros más allá sigue siendo demasiado lejos para que la realidad se confirme en verdad, o para que la mentira ponga las cartas sobre la mesa.

Así que.., nada importa.

¿Qué importa en realidad si Juan es el amante de Ella? ¿Qué importa en realidad si Tara parece haber sentado un poco la cabeza? ¿Qué importa, en realidad, a tres mil kilómetros, si esa niña que ha nacido acaba de celebrar su tercer cumpleaños? ¿Qué importa nada de todo eso… si aquí todo eso no son más que palabras…?

Sólo importa este abrazo que de verdad nos envuelve. Sólo importa que tu piel y la mía han llegado a fundirse y no sé y no sabes si esta parte es tuya o mía; sólo importa que somos uno, y que aquí, tú y yo, en nuestra cama, de espaldas al mundo, nos estamos amando. Sólo importa que tú y yo, de espaldas al mundo porque el mundo es como es, aquí, allí o tú en un lado y yo en otro… nos seguiremos amando.

De lo demás, ya nada importa.

Lúa.

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1 Mayo 2007

LA VERDAD DE UNA MENTIRA (I)

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En el silencio de la noche, cuando todo el mundo dormía, sólo quien fuera presa del desvelo, o quien desvelase por algún otro motivo, pudo oír llegar el coche

Siempre hay en dónde aparcar, no necesitó muchas maniobras. De todos modos, poco importaba que alguien viese llegar el coche de gran cilindrada. Desde esa noche, igual si fuera de día, sería habitual verlo junto a la casa.

Habían estado hablando sobre la mejor manera de hacer las cosas. El secreto o alguna indiscreción podrían ser peores aliados que mostrar todo abiertamente, como quien nada tiene que ocultar. Nada había que ocultar.

Bajó del coche y recogió la bolsa que llevaba en el asiento de atrás. En la casa, tras la puerta, ella esperaba sabiendo bien que él había llegado.

No era necesario que sonase el timbre. Ella abrió la puerta, él entró en la casa.

En el silencio de la noche, cuando todo el mundo dormía, y bajo la mirada cómplice de la luna llena, se fundieron en un abrazo y dejaron afuera, tras la puerta, la rueda del mundo rodando y girando al margen de todo lo que, allí adentro, estaba y estaría sucediendo.

Lúa


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Sobre mí

Entre el suelo y el cielo estamos. Tierra, aire, agua, fuego... Mentiras, verdades. En medio de todo eso me encuentro. Soy Lúa.

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